Cámaras frigoríficas de segunda mano
Comprar una cámara frigorífica de segunda mano puede ahorrarte más de la mitad del precio de una nueva. Aquí encontrarás cámaras de particulares que cierran su negocio y de profesionales de la ocasión, con sus datos técnicos completos: volumen, medidas, temperatura y si incluyen el equipo de frío.
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Cámaras frigoríficas en detalle
La cámara frigorífica es la inversión más fuerte de la cadena de frío de un local, y también donde más se nota comprar de ocasión: una cámara modular con pocos años y mantenimiento puede costar entre un tercio y la mitad de lo que vale nueva.
Positiva o negativa
Una cámara positiva trabaja normalmente entre 0 y 8 °C y es la de conservación: carne y pescado fresco, verdura, lácteos, producto preparado. Es la más habitual y la que casi todo local necesita.
Una cámara negativa trabaja entre -18 y -25 °C y es de congelación. Lleva más aislamiento, un equipo de frío más potente y consume bastante más. Si el local ya tiene arcones o armarios de congelación, muchas veces no hace falta.
Hay cámaras mixtas o de doble temperatura, con dos recintos independientes. Son menos frecuentes de segunda mano y conviene comprobar que los dos circuitos funcionan.
Modular o monobloque
La cámara modular se monta con paneles sándwich de poliuretano que encajan entre sí. Es la más común en hostelería porque se puede desmontar y volver a montar en otro local, lo que la hace muy interesante en el mercado de ocasión. El grosor del panel va normalmente de 60 a 120 mm: cuanto más frío necesites, más grueso.
La cámara monobloque viene de fábrica en una pieza. Se instala más rápido pero es más difícil de trasladar y limita el tamaño.
Con equipo o sin equipo
Esto es lo que más confusión genera al comprar de segunda mano, y lo que más cambia el precio.
Una cámara puede venderse solo con los paneles o con su equipo de frío incluido. Y si lo incluye, puede ser un equipo monobloque —que va colgado del panel o del techo, en una sola pieza— o un equipo partido o remoto, con la unidad condensadora fuera del local y el evaporador dentro.
Comprar los paneles sueltos puede salir muy a cuenta si ya tienes equipo, pero añade el coste de uno nuevo si no lo tienes: el equipo es buena parte del valor del conjunto. Antes de negociar, pregunta siempre qué incluye exactamente.
Medidas y volumen
Las cámaras se describen por sus medidas exteriores en milímetros (ancho × fondo × alto) y por su volumen útil en metros cúbicos. Dos avisos antes de comprar: mide la puerta y el pasillo por donde tiene que entrar, y comprueba la altura libre del local contando el espacio que necesita el equipo por encima.
Una cámara modular se desmonta, así que el problema no suele ser meterla sino tener sitio donde montarla.
Qué mirar al comprar
Leer la guía de compra
Lo que de verdad hay que revisar antes de comprar una cámara frigorífica de segunda mano.
Verla funcionando, con termómetro. Es la comprobación que no se puede saltar. La cámara tiene que llegar a su temperatura de trabajo y mantenerla con la puerta cerrada. Pídele al vendedor que la tenga encendida antes de que llegues: si la enciende delante de ti, no vas a ver cuánto tarda en estabilizarse.
Qué gas refrigerante lleva. Mira la placa del equipo. El R404A está siendo retirado por la normativa europea de gases fluorados, con el gas cada vez más caro y escaso; una fuga en un equipo con R404A puede costar más que el descuento que te hacen. Los equipos con R452A, R449A, R134a o R290 envejecen mejor.
El compresor. Es la pieza cara del conjunto. Escúchalo arrancar, busca manchas de aceite alrededor de la unidad (señal de fuga) y pregunta por el historial de mantenimiento. Que le hayan cambiado el compresor hace poco es buena noticia.
El estado de los paneles. Golpes, bollos y sobre todo paneles hinchados o separados: eso indica que ha entrado humedad en el aislamiento, y un panel mojado por dentro deja de aislar. Revisa también las esquinas y las juntas entre paneles.
La puerta. Que cierre sola y haga presión. Las juntas se cambian y son baratas, pero una puerta descolgada o con el marco torcido es un problema mayor. Comprueba también que la resistencia del marco funciona si es una cámara negativa.
El suelo. Hay cámaras con suelo aislante y cámaras sin suelo, pensadas para montarse sobre el pavimento del local. No es mejor ni peor, pero cambia el montaje y el precio. Pregúntalo.
La alimentación eléctrica. Muchas cámaras son trifásicas (400 V). Si tu local es monofásico, no te sirve por buena que esté.
Y el desmontaje. Si la cámara está montada, acuerda quién la desmonta y quién asume el riesgo si algún panel se daña al sacarla. Es la causa más habitual de discusión en una compra de ocasión.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre una cámara positiva y una negativa?
La positiva trabaja entre 0 y 8 °C y sirve para conservar producto fresco: carne, pescado, verdura, lácteos. La negativa baja de -18 a -25 °C y es para congelación. La negativa lleva más aislamiento y un equipo más potente, así que cuesta más y consume más. La mayoría de locales necesita una positiva.
¿La cámara incluye el equipo de frío?
Depende del anuncio, y es lo primero que hay que preguntar. Hay cámaras que se venden solo con los paneles y otras con su equipo incluido. El equipo es buena parte del valor del conjunto, así que una cámara muy barata puede ser solo la estructura. En las fichas de este portal aparece como dato técnico cuando el vendedor lo indica.
¿Se puede desmontar y trasladar una cámara frigorífica?
Las cámaras modulares sí: se montan con paneles que encajan entre sí y se pueden desarmar y volver a montar en otro local. Es lo que hace que tengan tanta salida de segunda mano. Las monobloque son más difíciles de mover. En cualquier caso conviene que el desmontaje y el montaje los haga un instalador de frío, sobre todo si hay que manipular el circuito.
¿Por qué importa el gas refrigerante?
Porque condiciona lo que te costará mantenerla. El R404A se está retirando por la normativa europea de gases fluorados: el precio ha subido mucho y cada vez es más difícil de conseguir, así que una reparación puede salir cara. No descarta un equipo, pero es un argumento para negociar. El dato está en la placa de características.
¿Qué grosor de panel necesito?
Para una cámara positiva, entre 60 y 80 mm suele ser suficiente. Para una negativa conviene 100 o 120 mm, porque la diferencia de temperatura con el exterior es mucho mayor. Un panel insuficiente hace que el equipo trabaje de más y se note en la factura de la luz.
¿Necesito instalador para montarla?
Para los paneles no es imprescindible, aunque ayuda. Para el equipo de frío sí: manipular el circuito de refrigerante requiere un instalador habilitado en gases fluorados. Si la cámara lleva equipo partido, la instalación es más técnica porque hay que conectar la unidad exterior con la interior.
