Cafeteras industriales de segunda mano
La cafetera es la máquina que más dinero mueve en un bar, y de las que mejor se compran de segunda mano si se mira bien. Aquí tienes cafeteras de uno, dos y tres grupos, tradicionales y superautomáticas, con sus datos técnicos y el contacto directo de quien las vende.
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Cafeteras industriales en detalle
La cafetera es la máquina que paga el alquiler. En un bar, el café de la mañana es lo que más margen deja, y una cafetera parada a las nueve es una mañana perdida. Por eso hay tantas de segunda mano en buen estado: los bares cierran, pero una cafetera buena y bien cuidada dura veinte años.
Antes de mirar grupos y calderas, hay una cosa que en España cambia la compra.
¿Es suya la cafetera que te venden?
Buena parte de las cafeteras de los bares españoles no son del bar. Las ceden las marcas de café —las grandes tostadoras y muchas locales— a cambio de un contrato de compra mínima de café. El bar la usa durante años, pero la propietaria es la tostadora.
Cuando un bar cierra y vende el equipamiento, a veces la cafetera entra en el lote sin ser suya, y la marca puede reclamarla después. Antes de pagar, pide algo que demuestre que es del vendedor: la factura de compra o el contrato con la tostadora ya terminado. Si la vende un profesional de la ocasión que la ha comprado y revisado, ese problema no existe.
Y la otra cara: si vas a abrir, muchas marcas te ceden una cafetera a cambio de su café. Comprar la tuya tiene sentido cuando quieres elegir el café que sirves, o no quieres atarte durante años a un consumo mínimo.
Cuántos grupos
El grupo es la salida del café, donde se encaja el portafiltros. Cada grupo hace uno o dos cafés a la vez.
Un grupo es para sitios donde el café es secundario: un restaurante de mediodía, una tienda, una oficina. Dos grupos es el estándar del bar español y aguanta sin problemas una barra con mucho movimiento de mañana. Tres grupos es para cafeterías de verdad, áreas de servicio o bares de estación, donde a primera hora hay cola.
El error habitual es dimensionar pensando en el café, cuando lo primero que se acaba es el vapor.
En España, el vapor importa tanto como el café
Aquí se sirve mucho café con leche y mucho cortado, y la leche se calienta con la lanza de vapor. A las nueve de la mañana, con la barra llena, la lanza no para. Una cafetera con la caldera justa se queda sin presión de vapor en plena hora punta: la leche tarda, el cliente espera y el café se enfría en la barra.
Por eso, en un bar con mucho desayuno, suele rendir más una cafetera de dos grupos con caldera grande —11, 12, 14 litros— que una de tres grupos con caldera pequeña.
Tradicional o superautomática
La cafetera tradicional es la de toda la vida: el camarero muele, carga el portafiltros, lo encaja y lanza el café. Es la de bar y la gran mayoría de las que se encuentran de ocasión.
La superautomática lo hace todo con un botón: muele, prensa, extrae y en muchos casos monta la leche. Es la del bufé de desayuno de un hotel, la oficina o la gasolinera, sitios donde no hay camarero de barra. De segunda mano hay que mirarla con más cuidado, porque lleva bastante más mecánica y electrónica, y sus reparaciones son caras.
Dosificación electrónica o manual
En las electrónicas, también llamadas volumétricas, se programa cuánta agua pasa por cada café y basta un botón para que salga siempre igual. Es lo normal en bares, porque iguala el café lo saque quien lo saque. En las manuales o semiautomáticas el camarero abre y cierra el paso: más control, más dependencia de la mano.
Las electrónicas suelen llevar un contador de cafés en el menú de programación. Es el equivalente a los kilómetros de un coche, y el dato más honesto que vas a tener sobre lo que ha trabajado la máquina.
La caldera
La mayoría de cafeteras de bar llevan una caldera única con intercambiadores: una caldera grande que da el vapor y el agua caliente, y por dentro un intercambiador para cada grupo que calienta el agua del café. Es un sistema sencillo, robusto y fácil de reparar.
Las multicaldera llevan una caldera independiente por grupo, además de la del vapor. Dan una temperatura más estable y precisa, y son la gama alta, la de las cafeterías de especialidad. De segunda mano son más caras y también más delicadas de mantener.
El agua
Una cafetera es, al final, una caldera de agua caliente a presión, y en media España el agua es dura. La cal tapa las duchas de los grupos, obstruye los intercambiadores, bloquea las electroválvulas y acaba con las resistencias. Es la primera causa de avería.
Por eso las cafeteras profesionales se instalan con un descalcificador de resinas: una botella junto a la máquina por la que pasa el agua antes de entrar. Ese descalcificador hay que regenerarlo con sal cada cierto tiempo, y muchos bares no lo hacen nunca. Pregunta si tenía descalcificador y si se regeneraba. Si nadie lo sabe, cuenta con cal.
El molinillo cuenta tanto como la cafetera
Un buen café sale de un buen molido, y una cafetera excelente con un molinillo cansado da un café mediocre. Las muelas se gastan con los kilos de café que pasan por ellas y hay que cambiarlas cada cierto tiempo.
Los molinillos a demanda muelen justo la dosis que se va a usar; los de dosificador muelen a una cámara y desde ahí reparten. Los a demanda son hoy el estándar: menos desperdicio y café más fresco. Si la cafetera viene con su molinillo, revísalo con el mismo cuidado que la máquina.
Las marcas
En España hay mucha marca nacional y muy buena. Iberital y Futurmat, de Barcelona, y Expobar, de Valencia, están en una cantidad enorme de barras, son baratas de mantener y tienen recambio en cualquier sitio. Las italianas son las de referencia: La Cimbali, Faema, Rancilio, Nuova Simonelli, Wega, Astoria, y La Marzocco en lo más alto. En superautomáticas mandan Franke, Jura y Schaerer.
En cafeteras la marca importa por una razón muy práctica: que el técnico de tu zona la conozca y tenga juntas, duchas y electroválvulas de ese modelo.
Qué mirar al comprar
Leer la guía de compra
Lo que hay que mirar antes de comprar una cafetera de segunda mano.
Que sea del vendedor. Si viene de un bar, pide la factura o el contrato con la marca de café terminado. Va antes que cualquier prueba técnica: una cafetera cedida por una tostadora no se puede vender.
Que coja presión. Pide que esté encendida un buen rato antes de que llegues. El manómetro de la caldera tiene que marcar más o menos entre 1 y 1,5 bar en reposo. Si no llega, o sube y baja sin control, hay un problema de resistencia o de presostato.
Un café en cada grupo. No basta con uno. Haz un café en cada grupo y mira que el chorro salga continuo, sin escupir, y que tarde lo normal. Un grupo que gotea en lugar de dar chorro tiene la ducha o el intercambiador tapado.
La junta del grupo. Encaja el portafiltros y fíjate en hasta dónde gira. Si tienes que llevarlo casi a tope a la derecha para que cierre, la junta está gastada. Es una pieza barata, pero si pasa en todos los grupos, la máquina ha tenido poco mantenimiento.
Las duchas. Quita el portafiltros y mira la ducha, la rejilla por donde sale el agua. Si está blanca o con agujeros tapados, hay cal dentro.
La lanza de vapor. Ábrela a fondo: tiene que salir vapor seco y con fuerza, no agua ni un hilo. Y que la llave cierre del todo; una lanza que gotea cerrada es un grifo o una junta gastados.
La bomba. Las profesionales llevan bomba rotativa, con un zumbido suave y constante. Ruido metálico o vibraciones fuertes son motor o bomba al final de su vida.
Fugas. Mira debajo y alrededor de la caldera. Manchas blancas son cal de fugas antiguas; manchas verdosas, cobre oxidado. Las dos dicen que por ahí ha salido agua.
El contador de cafés. En las electrónicas está en el menú de programación. Que te lo enseñen sin problema es buena señal.
La placa de características. Potencia y alimentación. Muchas de dos grupos se pueden conectar a monofásico, pero no todas, y las de tres suelen pedir trifásico.
Qué viene con ella. Portafiltros de uno y de dos cafés, descalcificador, molinillo, jarras de leche. Se pierden por el camino y cuestan dinero.
Y quién la instala. Hay que conectarla a la toma de agua, al desagüe y al descalcificador, y ajustar presión y temperatura. Si no te la instala una marca de café, necesitas un técnico de cafeteras. Súmalo al precio.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos grupos necesito?
Para un bar con movimiento normal, dos grupos. Uno se queda corto en cuanto hay barra; tres es para cafeterías y sitios con cola a primera hora. Y en España mira la caldera además de los grupos: con tanto café con leche, lo primero que se agota en hora punta es el vapor, no el café.
¿Puedo comprar la cafetera de un bar que cierra?
Sí, si es suya. En España muchas cafeteras de bar las cede la marca de café a cambio de un contrato de consumo, y no son del hostelero aunque lleven años en su barra. Pide la factura o el contrato terminado antes de pagar. Si la vende un profesional de la ocasión que la ha comprado y revisado, la propiedad ya viene aclarada.
¿Qué diferencia hay entre dosificación electrónica y manual?
En la electrónica se programa la cantidad de agua de cada café y sale siempre igual con un botón. En la manual, el camarero abre y cierra el paso. La electrónica iguala el café entre camareros y es lo habitual en bares; además suele llevar contador de cafés, que dice cuánto ha trabajado la máquina.
¿Merece la pena una superautomática de segunda mano?
Depende de para qué. Para un bufé de desayuno, una oficina o un sitio sin camarero de barra, sí. Pero lleva molinillo, prensado y sistema de leche integrados, y todo eso son piezas que se gastan y reparaciones caras. Si la compras usada, que sea de una marca con servicio técnico cerca y, a ser posible, con su historial de mantenimiento.
¿Necesito descalcificador?
En casi toda España, sí. La cal es la primera causa de avería en cafeteras: tapa duchas, intercambiadores y electroválvulas. El descalcificador de resinas va junto a la máquina y hay que regenerarlo con sal de vez en cuando. Si la cafetera que vas a comprar trabajó sin él, cuenta con limpiar o cambiar piezas.
¿Por qué importa tanto el molinillo?
Porque el café se decide en el molido. Una cafetera buena con un molinillo de muelas gastadas da un café flojo y amargo. Las muelas se cambian según los kilos de café molido, y conviene preguntar cuándo se cambiaron. Hoy lo habitual son los molinillos a demanda, que muelen justo la dosis que se va a usar.
¿Quién me la instala?
Un técnico de cafeteras. Hay que conectarla a la toma de agua, al desagüe y al descalcificador, y ajustar la presión de la caldera y la temperatura. Si trabajas con una marca de café, muchas veces se encargan ellos. Si la compras por tu cuenta, ese técnico va aparte.
